sábado, marzo 23

No tengo ganas de estar bien. No quiero componerme, esto no tiene vuelta atrás. Sé que luego pasará el tiempo, pero tengo ganas de que esto dure, que sea mío y es mío, qué triste jamás ver todas las demás posibilidades porque yo no soy ellas. Cada momento, cada cosa vista, cada cosa jamás jamás, nunca serán más que lo único que han podido ser. ¿Por qué tanta tragedia por lo que no se puede ser? Para dejarlo tendría que irme lejos y ni así podría dejar de soportarlo, de serlo; tendría que dejar de ser, porque con cualquier posibilidad arrastraría todo lo que me ha precedido. Hay que ser más valiente para ser lo único que se puede ser, tomarlo y pararse con todo eso. ¿Sería soportable tener plena conciencia? ¿Cuando me siento en la silla, no me estoy sentando sobre toda su historia y sobre la mía? ¿No me estoy sentando sobre su única posibilidad de ser y sobre la mía? ¿A dónde vas con todo eso? No importa.
Me gustan las patitas de los gatos y los perros, cojintes los llama él, me gusta el sonido de kuromi subiendo por las escaleras. No quiero dejar todo esto, aunque lo demás ya no esté, aunque hayan cumplido con sus posibilidades y hayan llegado a ser lo que son. Jamás olvidar el objeto perdido.
Pero recordar siempre.
Hay un tiempo en el que es preciso abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo, y olvidar nuestros caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares.
Es el tiempo de la travesía: y si no osamos hacerla, quedaremos, para siempre, al margen de nosotros mismos.

Fernando Pessoa

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